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Un aire fresco y húmedo sopló. Era la madrugada del 1 de enero de 1994 y la niebla cubría aún las montañas del sureste chiapaneco. Juan Vázquez Guzmán tenía apenas 13 años. Vio como de las tinieblas de la Selva Lacandona emergían miles de hombres y mujeres, encapuchados y armados. Le “declaramos la guerra al mal gobierno”, dijeron. Nadie lo esperaba aunque Juan veía como se preparaban desde que era casi un bebé.

Somos producto de 500 años de luchas. Los desposeídos somos millones y hoy decimos ¡BASTA!. Así apareció por primera vez el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Una guerrilla del estado mexicano de Chiapas que se levantó en armas reivindicando Trabajo, Tierra, Techo, Alimentación, Salud, Educación, Independencia, Libertad, Democracia, Justicia y Paz.

Como joven indígena tzeltal, Juan Vázquez trabajó junto a su padre en la milpa y en el cafetal del ejido de San Sebastián Bachajón en Chiapas. Manos duras y estómagos vacíos. Comían lo que les daban un pequeño terreno y el sudor de su frente. “Nosotros dependemos de la tierra, que es una herencia ancestral de nuestros antepasados y también es una herencia para las futuras generaciones”, reflexiona Juan. Desde adolescente caminó al lado de los zapatistas, comprometido con la lucha por sus derechos como mexicanos y como pueblos indígenas, en un estado donde las instituciones estaban ausentes y los ciudadanos, olvidados.

La concentración de la tierra siempre ha sido el eje de las insurrecciones en México. En 1910 el 1% de la población poseía el 97% de la tierra. En Chiapas un puñado de familias se habían apoderado de las tierras de las comunidades indígenas. En esas fincas, principalmente de ganadería extensiva, trabajaban como esclavos los indígenas chiapanecos. Después de la revolución, liderada por Emiliano Zapata, hubo una Reforma Agraria que estableció el concepto de los Ejidos (tierras del Estado pero cuya propiedad y uso pertenece a los ejidatarios). “Pero la Revolución Mexicana no llegó a Chiapas. Aunque se repartieron algunas tierras, la estructura de propiedad de la tierra se mantuvo intocable.  

57x57“Aunque quieran convertir [las tierras] en propiedad privada, no lo permitiremos”

De esta manera el poder ha quedado en manos de esa clase terrateniente”, comenta el periodista Luis Hernández Navarro. “Nuestro ejido de San Sebastián Bachajón se estableció en 1980 y es uno de los más grandes del país” asegura Juan. “Aunque lo quieran convertir en propiedad privada, no lo permitiremos”, advierte.

Los zapatistas hicieron una reforma agraria desde abajo. Tomaron las tierras y las repartieron. Vinieron años de negociaciones con el Estado mexicano en busca del reconocimiento por los derechos y cultura indígenas así como por sus territorios. Pero los grandes partidos del país incumplieron los diferentes acuerdos a los que habían llegado con el movimiento. Mientras tanto, los zapatistas optaron por la construcción de su autonomía, organizando proyectos de salud, educación, justicia o producción en su territorio, formando su propia estructura de autogobierno.

En 2006 el EZLN lanzó una nueva iniciativa política llamada la “Otra Campaña” con la intención de unir fuerzas con otros movimientos en México y el mundo. “El zapatismo funcionó como paraguas para dar inspiración y cobertura a diferentes comunidades”, puntualiza Hernández. “Este es un proyecto donde cabemos todos. Donde queremos defender lo que somos”, sentencia. Juan primero fue Secretario General de la organización y, después, Promotor de Derechos Humanos. Los ejidatarios encontraban su inspiración en la palabra zapatista. “Construir desde abajo, alejarse de calendarios electorales, luchar por su tierra”. La gran amenaza que se les presentaba venía impulsada por el gobierno Federal en forma de grandes proyectos económicos. La minería, las infraestructuras y el turismo, ponía en peligro su fuente de vida: la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Te yo taln ten nanatil lux cuxul sol xchulel ten lumaltic”

– El corazón de nuestra madre tierra vive en el espíritu de nuestros pueblos –

Congreso Nacional Indígena, agosto 2014
*Vida cotidiana en las comunidades zapatistas en Chiapas.

“Lo que vivimos es un despojo”, explica Juan Vázquez Guzmán frente a un mapa. Se encuentra en la oficina de la organización construida en un terreno recuperado en 1994 por el EZLN. “Antes fueron los caciques los que nos arrebataron nuestra tierra, ahora son los intereses y las inversiones del Gobierno”. El ejido donde viven, San Sebastián Bachajón, está amenazado por los planes de la construcción de una supercarretera que atravesaría y destruiría sus cultivos y comunidades. “El gobierno quiere atraer inversionistas extranjeros para construir zonas hoteleras”, resume Juan. Con la carretera pretenden conectar las dos principales para el turismo ciudades: San Cristóbal de la Casas y Palenque.

Conseguirían además explotar otras zonas como las Cascadas de Agua Azul. “Injustamente nos quieren despojar de casi 600 hectáreas que por decreto nos pertenecen, violando de esta manera nuestros derechos como ejidatarios”, concluye.

Estas 600 hectáreas de tierras comunales fueron cedidas en 2011 al Gobierno del Estado de Chiapas y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el ex-comisariado ejidal (2010-2013), Francisco Guzmán Jiménez. Este exmandatario local defiende el desarrollo turístico de la zona: “vendrán otros comercios, más inversión. A mi me beneficia”. Las paredes de su casa evidencian su buena relación con autoridades regionales y nacionales. Posa en varias fotografías con gobernadores y otros altos cargos mientras recuerda que para progresar económicamente hace falta invertir en infraestructuras. Pero entregó las tierras comunales sin pedir la autorización de la Asamblea del Ejido, máximo órgano para la toma de este tipo de decisiones. Frente a estas arbitrariedades los ejidatarios, con Juan Vázquez Guzmán de nuevo a la cabeza, presentaron un recurso de amparo a la Corte del Estado denunciando la violación de sus derechos.

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Juan Vázquez Guzmán

“La corrupción está en los tres niveles de gobierno, municipal, estatal y federal. Nosotros solo queremos proteger nuestros recursos naturales”, denuncia enérgicamente Juan. El Fondo Nacional de Turismo lleva más de una década intentando desarrollar el turismo en la zona. El plan del “Centro Integralmente Planeado San Cristóbal – Palenque” con hoteles de lujo, campos de golf y áreas comerciales existe desde el sexenio anterior con Juan Sabines Guerrero y sigue en los planes del actual gobernador Manuel Velasco Coello.  

Manuel Velasco Coello ganó las elecciones en Chiapas en 2012 gastando millones de dólares en propaganda. El estado más pobre de la República se encontraba altamente endeudado después de la gestión de Juan Sabines. Aún así, el primer año de su gobierno, Velasco Coello gastó al menos 10 millones de dólares de dinero público para su promoción personal. Varios medios del país coinciden en que prepara su candidatura para las elecciones nacionales en 2018, imitando el método del actual presidente, Enrique Peña Nieto. Escándalos económicos le persiguen. La Organización de Constructores Independientes del Estado de Chiapas ha denunciado en varias ocasiones el trato privilegiado del gobernador hacia empresas (la mayoría recién fundadas por familiares y conocidos) que han recibido contratos multimillonarios por obras de pavimentación.

“Chiapas tiene todo lo que los turistas pueden buscar, lo que buscan aquí lo van a encontrar junto con la calidez del pueblo chiapaneco”, anunciaba Manuel Velasco en un discurso en 2015 que promovía la inversión privada. “A nosotros nos quieren usar como mano de obra barata, meseros a las órdenes de los turistas” le responde Juan. “No son ciertas las promesas de que nos va a beneficiar este proyecto, solo intentan legitimar sus planes”. Las Cascadas de Agua Azul son turquesas y transparentes. Al fondo se ve el verde tupido de la selva en este paraíso chiapaneco. Algunos turistas caminan por los senderos selváticos, otros disfrutan de las aguas frescas. Según los planes de inversión aquí se construirán miles de alojamientos para un turismo de élite. “La supercarretera es para los transportes privados, para los turistas que van a estar pagando los peajes. Y eso a nosotros no nos beneficia, no dependemos de la carretera sino del campo”, reflexiona Juan.

Diferentes mundos, distintas visiones de Chiapas. Donde unos ven dinero y desarrollo, otros ven agua y tierra como continuidad de su cultura, historia y existencia. En un territorio rico en recursos naturales, grandes hidroeléctricas, concesiones mineras, y desarrollos turísticos se han convertido en los ejes de la propuesta de desarrollo de un puñado de transnacionales que intentan implementar a través de las instituciones mexicanas. Los chiapanecos están excluidos de esta riqueza. Según datos oficiales de 2014, el 31.8 % de la población sobrevive en la pobreza extrema y el 76.2% es pobre. Problemas como la desnutrición y la muerte infantil están al orden del día para los pueblos indígenas.

57x57El dinero es solo una ambición del ser humano pero la tierra no. 

“El turismo en Chiapas se ha convertido en parte de una estrategia de los grandes capitales y del gobierno para quebrar la resistencia de las comunidades zapatistas y las demás comunidades organizadas en la “Otra Campaña para facilitar así el despojo de sus territorios”, explica Hermann.  
Según su análisis, el turismo es la primera acción para desalojar a las comunidades indígenas de su territorio, terminar así con su resistencia y abrir el camino para las demás empresas transnacionales. “¿Para qué nos va a servir una carretera como esa?” Se pregunta Juan. “No tenemos el dinero para comprar ni un par de zapatos, y mucho menos, una bicicleta o un patinete. El dinero es solo una ambición del ser humano pero la tierra no. A lo mejor un día yo me voy, pero la tierra se queda para siempre”.

Desalojos violentos, amenazas, golpes. La lucha en Bachajón ha tenido muchos momentos críticos y más de cien integrantes del movimiento han sido encarcelados. Juan también fue detenido sin orden judicial en 2011 a solicitud de Francisco Guzmán Jiménez, ex-autoridad del ejido, según el abogado Ricardo Lagunes, defensor de los derechos de los ejidatarios. Después de varias horas fue liberado sin documento legal ninguno. “El gobierno es autoritario. Ha habido hostigamientos, hemos sido objetos de represión porque al gobierno no le conviene que exista esta organización que defiende los recursos naturales. Intentan provocar una confrontación entre indígenas”, explica Juan.

Desde los primeros años del levantamiento zapatista surgieron grupos armados, relacionados con partidos políticos y empresarios que han mantenido una guerra de baja intensidad y de contrainsurgencia. Invasión de terrenos, amenazas de muerte, abusos físicos, torturas,violaciones, desapariciones forzadas o asesinatos son algunos de los métodos que usan para sembrar el terror en las comunidades que se organizan.
El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (FRAYBA), organización que lleva décadas documentando el conflicto en Chiapas ha registrado desde 1994 el desplazamiento forzado de doce mil personas. Según su informe: “El gobierno mexicano implementa estrategias contrainsurgentes dirigidas a erosionar experiencias de organización autónomas y profundizar la expropiación de los territorios indígenas”. Las tácticas contrainsurgentes oscilan entre lo militar – con la formación de grupos paramilitares según el “Plan Campaña Chiapas 1994” de la Secretaría de la Defensa Nacional – y lo económico – con el uso dirigido de ayudas gubernamentales para dividir a las comunidades zapatistas.

En 1997 tuvo lugar la masacre de Acteal que marcaría la larga historia de ataques paramilitares en Chiapas. La contrainsurgencia en este estado, según el investigador Gilberto López y Rivas, “se convirtió en la acción clandestina del ejército para llevar a cabo las tareas que el ejército no puede llevar a cabo abiertamente. Fue Zedillo el que lo impulsó, pero claramente fueron los Estados Unidos los que le dijeron como hacerlo”. En 2006 había 79 bases militares en todo el Estado, 56 de ellas ubicadas en la zona zapatista. A pesar de la tregua con el EZLN, el cerco alrededor del territorio autónomo se intensifica.

 

 

“La tierra que nos vio nacer, que nos da la vida y finalmente descansamos en ella eternamente”

EZLN, agosto 2014

 

 

 

La noche del 24 de abril de 2013 la tragedia sacudió San Sebastián Bachajón. Juan Vázquez Guzmán regresó tarde a su casa después de un día largo de trabajo. Preparó un café caliente en su cocina de madera, piso de tierra y techo de lámina. Escuchó una camioneta pasar por la calle al lado de su casa. Alguien tocó la puerta. Juan abrió la puerta y seis balas de alto calibre lo atravesaron.  Al escuchar los disparos, su padre y su hermano salieron para ver que pasaba. Vieron el cuerpo de Juan lleno de sangre en el patio. No lograron escuchar sus últimas palabras. Ya estaba muerto. Con 32 años. 

57x57La justicia no ha reaccionado frente a las amenazas que Juan había sufrido.

Nadie ha sido encarcelado. La justicia no ha reaccionado frente a los testimonios directos que alertaban sobre las amenazas que Juan había sufrido.“Le dijeron textualmente que parara de organizar a la gente o lo matarían. Se lo dijo delante de mucha gente Francisco Guzmán Jiménez, el ex-comisariado de Bachajón”,relata el abogado Ricardo Lagunes.

Una pila de ataúdes se acumulan en el negocio de Guzmán Jiménez. Como si se tratara de una novela negra, el ex-comisariado es dueño de la funeraria “El Triunfo”. Cuando hablamos con él, lejos de lamentar la muerte de Juan, la justificaba: “se ha buscado enemigos por todos lados”. Según él, la policía debió actuar de manera más contundente contra Juan cuando lideraba las acciones contra la carretera, “no le dictaminan orden de aprensión y aunque la tenga no le agarran. Está libre, entonces hay gente que dice: no hay otra solución. Por eso ha habido muertos”. Con un movimiento de sus manos simulando la acción de cortar cartucho resume: “no hay otra más qué… le tiran de una vez”.

Menos de un año después del asesinato de Juan, la organización sufrió otra baja. Juan Carlos Gómez Silvano, de 22 años, coordinador regional, fue emboscado y ejecutado con más de veinte disparos de alto calibre. En esta zona norte del Estado opera el grupo paramilitar OPDDIC y se han demostrado sus lazos directos con instituciones gubernamentales y el Ejército Mexicano. Los ejidatarios de Bachajón y los zapatistas de la zona han denunciado en repetidas ocasiones el acoso por parte de esta organización.

En mayo de 2014, unas quince o veinte personas, con machetes, palos y armas largas atacaron una reunión zapatista en La Realidad, sede del gobierno autónomo zapatista. José Luis Solís López, integrante del movimiento, fue perseguido y asesinado por el grupo armado. Otros 15 zapatistas resultaron heridos. La clínica y la escuela autónoma de la comunidad fueron destruidas. “Los paramilitares de la Realidad están pagados, organizados, dirigidos entrenados por los tres niveles de los malos gobiernos para dividirnos, provocarnos a los pueblos zapatistas y al gobierno autónomo zapatista”, denunciaron las autoridades autónomas zapatistas en un comunicado días después. El ataque en La Realidad fue realizado por la Cioac-H, una de las organizaciones paramilitares que actúan en la zona. Según la investigación del periodista Luis Hernández Navarro “esta organización ha pactado todo tipo de compromisos con los distintos gobiernos en Chiapas”.

*Acto político en memoria de José Luis “Galeano”, zapatista asesinado por paramilitares en La Realidad – Mayo 2014.

57x57“Somos los guardianes de estas tierras, de este país México, de este continente y del mundo”

EZLN, agosto 2014

A pesar de la guerra en su contra los zapatistas siguen construyendo en la práctica una propuesta política de autonomía. Los ejidatarios de San Sebastián Bachajón organizados en la “Otra Campaña” continúan resistiendo. “Pensaban que asesinando a Juan acabarían con nosotros. Pero somos muchos los que apoyamos esta lucha. Seguiremos defendiendo nuestra tierra”, reitera Domingo Pérez, integrante de la “Otra Campaña”. De momento, la construcción de la carretera está paralizada. Pero los intereses y las empresas que impulsan el proyecto tampoco desfallecen.  Una lucha entre dos formas de vivir y sentir la tierra. Una batalla que, como Juan solía repetir, busca “construir un mundo donde quepamos muchos mundos”.

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